Una tienda de otro tiempo

Me encantó esta tienda de Logroño. En primer lugar, nunca habría pensado que existiera una tienda para vender solo sombreros. ¿Todavía hay gente que pone sombreros? ¿Puede una tienda vivir de vender sombreros? Pero es que, además, tenía ese aspecto tan antiguo. El rótulo de la entrada, el aspecto del escaparate, la mesa que se ve en el interior. Te imaginas a señores del principio del siglo pasado yendo allí a comprar un sombrero. Lo único moderno, esos dos focos que iluminan el nombre de la tienda. 

Distinto


En Tudanca, en Cantabria, encontré una pared de piedra en la que había una viga de madera que destacaba mucho. Si hubiera allí otra piedra, la foto no tendría mucho interés, pero así causa sorpresa. Es como algo imprevisto y distinto. La madera hasta parece blanda rodeada de tantas piedras. 

Los romanos y los bárbaros

En la campa Torres de Gijón se puede ver la reconstrucción de una casa romana y de una casa de los pobladores indígenas anteriores a los romanos. No me hicieron falta muchas explicaciones para saber por qué los romanos consiguieron un imperio tan grande. Entre una y otra no hay color. 

Las palabras, más antiguas que la piedra

Dos señoras charlando, bajo un arco, en Santa Gadea del Cid. Un arco de piedra muy antiguo, pero me parece que más antigua es aún la charla, aunque sean distintas las mujeres que hayan charlado debajo del arco. Las palabras más antiguas que la piedra o la piedra más antigua que las palabras. 

Amigas

Sin hacer nada de particular, en Semana Santa, un día de bastante frío. En el pueblo con las bicis. Cuando éramos niñas. Todo fácil, sin problemas. Felices. Luego a cenar, a jugar al bote-bote, o a lo que fuera. Los días del pueblo. 

El retroceso de la civilización


El tempolo de Apolo en Dídima fue uno de los restos romanos más impresionantes de los muchos que vimos en nuestro viaje a Turquía. Solo quedaban un par de columnas levantadas, pero lo suficiente, con el soporte del templo, como para hacerse una idea del tamaño de aquel edificio grandioso. Y de repente veo aquellas sombras cruzando ante las gradas que subían al templo. Era inevitable pensar que, como mucho, la civilización no había avanzado nada, si dos mujeres tenían que ir así vestidas en pleno siglo XXI, como dos sombras. 

Dos puertas para una entrada


Resulta muy impactante la persona que va a entrar al museo dedicado al Apartheith, en Johannesburgo, el tener que elegir la puerta de acceso por el color de tu piel. Supongo que cualquiera podría entrar por las dos puertas, pero el anuncio te resultaba incómodo. Sentías que se te estaba quitando tu libertad. Si esta sensación tienes como turista, me imagino cuando la cosa no se limitaba a perturbar al turista, sino que no respetar los carteles podía tener consecuencias dramáticas. Lo cierto es que es triste las cosas que llegamos a cometer los seres humanos por pura soberbia.